El agua de la laguna tiene el color del té oscuro, casi ámbar, donde los taninos de los manglares se mezclan con el agua salada del océano Pacífico. A pocos metros de distancia, la playa abierta exhibe olas gris-azuladas que se rompen con fuerza sobre la arena oscura y compacta, típica del litoral oaxaqueño. Playa La Ventanilla se encuentra en el municipio de Santa María Tonameca, a lo largo de la Costa Chica de Oaxaca, a unos 15 kilómetros al este de Mazunte por la carretera que bordea el Pacífico mexicano.
Lo que hace que este lugar sea diferente de cualquier otra playa de la región es la convivencia cercana entre ecosistemas opuestos: el océano abierto y violento por un lado, la laguna silenciosa y turbia por el otro, separados por una delgada lengua de arena negra. A gestionar el acceso al área es una cooperativa local de pescadores y guías, la Cooperativa La Ventanilla, fundada en los años noventa después de que las comunidades costeras comenzaron a organizarse para proteger los sitios de anidación de las tortugas marinas y para desarrollar un turismo sostenible alternativo a la pesca intensiva.
La laguna de los cocodrilos: un ecosistema para observar en silencio
Las guías de la cooperativa llevan a los visitantes a través de la laguna en pequeñas embarcaciones a remo o a motor lento, deslizándose entre las raíces aéreas de las manglares. Los cocodrilos de Morelet (Crocodylus moreletii) y el cocodrilo americano (Crocodylus acutus) están presentes en el área: es común verlos inmóviles en las orillas fangosas o a flor de agua, con solo los ojos y el dorso visibles. Las guías conocen los puntos de descanso habituales de los animales y mantienen distancias de seguridad apropiadas, pero la cercanía es sorprendente para quienes no están acostumbrados a ver reptiles salvajes de estas dimensiones en su hábitat natural.
La luz dentro del manglar cambia completamente en comparación con la playa abierta: la sombra densa de las copas filtra el sol en haces oblicuos, y el agua se vuelve casi negra reflejando el follaje. El olor es el típico de los estuarios tropicales, salino y orgánico. El tour en barco dura generalmente entre 45 minutos y una hora, y el costo indicativo ronda entre 100-150 pesos mexicanos por persona, aunque los precios pueden variar. Se recomienda preguntar directamente a la cooperativa en la entrada.
Las tortugas marinas y el proyecto de protección
Playa La Ventanilla es uno de los sitios de anidación de la tortuga golfina (Lepidochelys olivacea) a lo largo de la costa oaxaqueña. La cooperativa gestiona un programa de recolección y protección de los huevos durante la temporada de puesta, que se concentra principalmente entre julio y diciembre. Los nidos son trasladados a viveros protegidos para evitar la depredación y el saqueo, y las tortugas nacidas son liberadas al mar en presencia de los visitantes.
Quienes visitan durante la temporada adecuada pueden participar en la liberación de las tortuguitas, una experiencia que las guías manejan con cuidado para minimizar el estrés en los animales. No se trata de un espectáculo diseñado para los turistas, sino de una operación de conservación real a la que los visitantes pueden asistir y contribuir simbólicamente con una pequeña donación adicional. La playa en ese tramo es ancha y plana, con arena de granulometría media-fina y un color gris oscuro debido a la composición volcánica de los sedimentos.
Cómo llegar y cuándo visitar
La Ventanilla es accesible en coche o en autobús desde la ciudad de Pochutla, que es el principal centro de transporte de la zona. Desde Pochutla se toman los colectivos directos hacia Puerto Ángel o Mazunte y se baja en la desviación hacia La Ventanilla, indicada por carteles en la carretera principal. El recorrido final desde la carretera hasta la playa es de aproximadamente un kilómetro por camino de tierra, transitable a pie o en mototaxi.
El mejor momento para visitar es por la mañana temprano, preferiblemente antes de las 9:00, cuando la luz es lateral y más fotogénica, la temperatura es soportable y la laguna está más tranquila. Con la marea baja, el nivel del agua desciende y los cocodrilos tienden a ser más visibles en las orillas. Se deben evitar las horas centrales del día, cuando el calor es intenso y muchos animales se refugian en la sombra de la vegetación. El periodo entre noviembre y abril, en la temporada seca, ofrece condiciones meteorológicas más estables y mar menos agitado.
La atmósfera y qué esperar
La Ventanilla no tiene estructuras de alojamiento elaboradas ni locales turísticos desarrollados. A la entrada de la cooperativa hay algunas palmeras, un pequeño espacio con mesas donde las familias locales venden comida sencilla, y los muelles desde donde parten las embarcaciones. La atmósfera es la de un lugar que aún funciona a medida de comunidad, donde los niños del pueblo crecen conociendo los nombres de los cocodrilos de la laguna y donde la pesca artesanal convive con el ecoturismo.
La playa abierta al Pacífico es azotada por un viento constante que trae frescura pero también olas altas y corrientes peligrosas: no es adecuada para el baño para quienes no son nadadores expertos. El valor del lugar radica en la observación: el agua color esmeralda sucia del estuario, las aves que sobrevuelan las manglares, el silencio interrumpido solo por el remo que se desliza en el agua y el canto ocasional de una garza.